CUENTO CORTO INFANTIL: BLANCANIEVES ENCUENTRA UN PAÍS MÁGICO REPLETO DE MARIPOSAS

Blancanieves

BLANCANIEVES


BLANCANIEVES Y EL PAÍS MÁGICO DE MARIPOSAS

Hubo una vez una princesa muy hermosa llamada Blancanieves que le encantaba dar paseos por el bosque con su preciosa canastilla de lindos colores. Siempre la llevaba colgada en su brazo para así poder recoger las flores que encontraba por su camino. 

En una de esas excursiones se encontró con algo extraño, que le llamó la atención. Vio unas hierbas muy altas de tamaño, incluso demasiado para el lugar en cuestión, que habían crecido de manera casi mágica y rápida, ya que unos días antes no estaban allí. 


De pronto, vislumbró una pequeña puerta escondida entre esos matorrales tan pintorescos y llamativos.

- ¡Oh! - dijo con asombro.
- ¿Dónde conducirá esta puerta? - Exclamo Blancanieves.

Estiró su brazo todo lo que pudo, agachándose hasta que consiguió dar con el pomo envejecido y un poco manchando de tierra. Se inclinó aún más, y poniéndose de rodillas y, apoyada sobre sus manos, en cuclillas, empezó a gatear hacia dentro para poder entrar por aquella pequeña puerta, que le parecía mágica.

Su corazón latía fuerte de emoción y curiosidad. 

Giró el pomo de la puerta en su totalidad, y la empujó suavemente. 
La puerta se abrió con un ligero crujido. 

Al mirar nuevamente, sus ojos se abrieron enormemente. Su cara mostró un gran asombro, a causa de la maravilla que estaba contemplando. La felicidad que sentía en ese mismo momento, dejó asomar unos rosados mofletes, además de un gesto coqueto y feliz, que le hacia parecen aún más bella.


BLANCANIEVES DENTRO DEL PAÍS MÁGICO REPLETO DE MARIPOSAS

Un hermoso prado verde, con bellas flores de múltiples colores y, al fondo, se podían ver unas hermosas cataratas de agua que caían alegremente de las montañas. 

De pronto, pudo divisar una bandada de cientos de mariposas que se acercaban hacía ella, para así, dar la merecida bienvenida a Blancanieves, a aquel país mágico y repleto de vida. 

Miles de colores, aromas y una dulce ternura inundó su tierno corazón, que hizo que aquella bella niña, fuera feliz, y sintiera Paz.

Pero, ¡que sorpresa!, el enanito Gruñón estaba allí, y como siempre enfadado. Blancanieves rió. Se acercó a él preguntándole el por qué de su enfado. A lo que él contestó refunfuñando:

- No me gustan las mariposas - dijo Gruñón.

A lo que Blancanieves inmediatamente respondió:
- Pero, ¡si son preciosas!

Y el enanito exclamó:

- Es que no me dejan tocarlas ni acariciarlas.

La bella niña rió fuertemente, y se dió cuenta que Gruñón necesitaba mucho cariño, por ello siempre estaba enfadado.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado

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